INTRODUCCIÓN
Se ha hablado y escrito mucho sobre la bondad y necesidad de utilizar el
ozono en procesos de
descontaminación de aire y agua, así como en procesos de
desodorización en general; se ha escrito mucho menos sobre toxicidad pero también existe una bibliografía sobre este tema. Todo ello ha llevado a los diferentes países avanzados a establecer unas condiciones y unos máximos y mínimos para la exposición de personas a bajas concentraciones de ozono ya que podría resultar tóxico a elevadas concentraciones y durante períodos de exposición prolongados; realmente lo mismo podríamos decir del oxígeno y es un gas vital para el ser humano. Hoy en día ya no se discute en los congresos de ozono sobre si debe utilizar o no en desodorización, sino en que las escalas de concentraciones actúan, sobre que olores y cuales son los límites máximos permisibles para la concentración y es indiscutible como el mejor
desinfectante en las instalaciones de
agua potable.
En general, en las bibliografías químicas, al hablar del ozono se mezclan conceptos de toxicidad con los estados sólidos y líquidos del
ozono, estados que prácticamente nunca son utilizados y que a semejanza con casi todos los gases, incluyendo al
oxígeno, son tóxicos y letales.
Pero en estado gaseoso que es la forma como se utiliza en descontaminación,
desinfección y
desodorización de aire y agua, su toxicidad dependerá de la
concentración de ozono (O3) en el aire que se respira. Insistimos que igualmente ocurre con el oxígeno y con otros muchos gases y compuestos químicos que en función de la cantidad o concentración que se respire es beneficioso o perjudicial para la salud.
El interés creciente por utilizar el ozono en descontaminación ambiental hizo que en el
79 Congreso del Instituto Americano de Ingenieros Químicos, marzo de 1.975, se aprobara la siguiente tabla: